Un pedido de unión y fraternidad, con el bien común como norte. La mirada del Estado bajo un rol de garante de la cohesión social. Y el ejemplo de “los changos de la Selección Argentina”, no por sus logros ni sus nombres propios, sino por “su profunda fe” y el “trabajo en equipo”.
El arzobispo de Tucumán Carlos Sánchez brindó este 9 de Julio una homilía con múltiples mensajes, en un Tedeum que tuvo como máximas autoridades a la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, y el gobernador Osvaldo Jaldo.
La celebración de acción de gracias finalizó con la lectura de una oración interreligiosa, de la que participaron sacerdotes de distintos credos, en otra imagen que convocó no dejarse “intimidar” por “las tensiones las diferencias”. “(Estas) pueden convertirse en energías creativas cuando están orientadas por una responsabilidad compartida”, propuso Sánchez, quien ofició la ceremonia junto al obispo auxiliar, Roberto José Ferrari.
A pocos metros de allí
El Arzobispo dio inicio al Tedeum con un saludo especial a Villarruel, quien llegó a la Catedral tras haber participado en la plaza Independencia del acto de izamiento de la bandera.
En los lugares principales se ubicaron además el gobernador Jaldo y su esposa, Ana María Grillo; el vicegobernador Miguel Acevedo y el titular subrogante de la Legislatura, Sergio Mansilla; el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Daniel Leiva; y la intendenta de la Capital, Rossana Chahla, entre otros funcionarios y magistrados.
“Queridos hermanos: hoy nos unimos con todos los argentinos para dar gracias a Dios por nuestra querida patria argentina”, expresó Sánchez en la apertura.
Recordó que, 210 años atrás y “a pocos metros de aquí”, los 29 congresales reunidos en la Casa Histórica declararon la independencia, “tantas veces reclamada por San Martín, suplicada por Belgrano hasta las lágrimas y tan querida por todo el pueblo”.
Citó luego la encíclica “Fratelli tutti”, del papa Francisco. “Es una invitación constante a salir de nuestros propios espacios cómodos para hacernos prójimos de los que están fatigados y dispersos y disponernos a la acción y al servicio comunitario”, describió monseñor Sánchez.
Luego, recordó la postura de los obispos argentinos en el Bicentenario, cuando dijeron que no hay plena democracia sin inclusión e integración. “Construir una vida democrática de inclusión e integración requiere el compromiso de todos”, añadió.
También hizo referencia a la encíclica “Magnifica Humanitas”, ofrecida recientemente por León XIV para expresarse sobre “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. “El Papa nos llama a edificar un mundo -yo digo una Argentina- en el que todos puedan ‘florecer’. Esto exige una corresponsabilidad valiente. A cada uno corresponde aportar al bien de todos: científicos e investigadores, empresarios y trabajadores, educadores y legisladores, sociedad civil, movimientos populares y comunidades de fe”, enumeró.
Además, puso el foco en la “lógica de la subsidiariedad, que valora la cooperación entre generaciones, entre pueblos, entre disciplinas y culturas como el camino privilegiado para hacer crecer la estabilidad, la prosperidad y la paz”.
“No nos enfrentemos entre hermanos”, pidió Sánchez con su característico tono de concordia. Y marcó algunas pautas básicas, como “evitar las palabras que nos humillan o o enfrentan”.
Una patria más fraterna
El Arzobispo ponderó luego los compromisos asumidos en los diversos encuentros -denominados jubileos- celebrados durante 2025 junto a referentes de distintos ámbitos, como el político y el empresario, con el objetivo de “apostar siempre por la esperanza y lanzarnos hacia adelante con entusiasmo y compromiso”.
Luego, sobre la base de las palabras del papa León, dirigió unas palabras “a todos los argentinos, y a cada uno de acuerdo a su responsabilidad”.
“No temamos ensuciarnos las manos en la construcción de una patria más fraterna”, instó monseñor Sánchez. Y propuso poner “nuestras capacidades al servicio del bien común, desde el lugar que cada uno tiene”. “No improvisemos, proyectemos con sabiduría y trabajemos con perseverancia”, indicó ante las autoridades. Bregó más tarde porque “nadie nos robe la alegría ni la esperanza”.
"Condiciones equitativas"
El Arzobispo incluyó una serie de consignas vinculadas con el espíritu de una sociedad igualitaria. “El bien común exige dejar de lado actitudes egoístas”, apuntó. Y dijo que “todos tienen derecho a gozar de condiciones equitativas de vida social”.
“La responsabilidad de edificar el bien común compete en primer lugar al Estado, porque es la razón de ser de la autoridad política”, enfatizó luego Sánchez. Y dio lectura luego al Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (168 y 169):“el Estado, en efecto, debe garantizar cohesión, unidad y organización a la sociedad civil de la que es expresión, de modo que se pueda lograr el bien común con la contribución de todos los ciudadanos”, dijo.
Sobre el cierre, monseñor Sánchez señaló a la Casa Histórica como “el signo que nos identifica como nación independiente”, y ponderó que “sea también el signo de ser una casa de familia, donde todos somos importantes, valiosos, necesarios; y donde se respira el amor fraterno y superamos todos los rencores y divisiones”.
El Arzobispo finalizó con el mensaje que había llevado escrito. Pero improvisó unas palabras respecto a la Selección Argentina, y destacó el “ejemplo” que nos dan los changos”. Valoró la “humildad” y puso el foco en “los sacrificios para hacer que los logros se hagan realidad”. También recalcó otras características del plantel albiceleste, como “el trabajo en equipo, el respeto a los demás, el valor de la familia”. “Es un signo muy vivo de la patria que queremos”, graficó.
La ceremonia finalizó luego de la oración interreligiosa y de la bendición que brindó el Arzobispo. En un gesto quizás apartado del protocolo, Sánchez se acercó de inmediato a la vicepresidenta Villarruel. Se vio un saludo breve pero cálido, con un intercambio de palabras en tono cordial. Luego, monseñor caminó hacia donde estaba el gobernador Jaldo, también con actitud amable. Por último, se mezcló entre los vecinos y las autoridades que se habían congregado para presenciar el Solemne Tedeum.